Tras los episodios anteriores…”la dilatación cervical está sobrevalorada” y “la pelvis ginecoide está obsoleta” viene a continuación…” las fases del parto no existen”…
En 1800, con la industrialización y el traslado de los partos a los hospitales, surgió la idea de “fases del parto”, en la cual, los obstetras “de prestigio” del momento, necesitaron dar directrices para estandarizar y protocolizar el proceso del parto, para encajarlo en la idea, de que el parto era un acto mecánico que se puede manejar, replicar y controlar.
Se instauró un modelo de cuidados basado en el control del proceso, que implicaba procedimientos invasivos, como las exploraciones vaginales periódicas, monitorizaciones continuas, canalizaciones rutinarias de vías periféricas…en un entorno restrictivo, con protocolos y normas. En los años 50, tras las publicaciones de E. Friedman y su desarrollo del concepto: “análisis gráfico del trabajo de parto”, se instauró el uso del partograma como medida capaz de reducir las muertes maternas y neonatales. Desafortunadamente, a pesar de la evidencia científica disponible, a día de hoy, seguimos usando esta gráfica para valorar el progreso, para todas las mujeres, para las inducciones de parto y para las presentan partos fisiológicos, sin que exista evidencia de que reduzca la morbilidad materna o neonatal para gestantes sin riesgo. Esta estandarización, progresó y se generalizó, con las inducciones de parto. El “manejo activo del parto” se popularizó en Irlanda, para aplicar rentabilidad en la práctica médica contemporánea. El objetivo fue proveer cuidados a las gestantes, a menor coste hospitalario, mediante el control del proceso.
La realidad, a día de hoy, es que sabemos que el progreso del parto no es predecible y que no podemos elaborar normas generales para valorar/predecir la evolución de los partos. Sabemos que existen muchos factores que influyen en cómo se desarrolla y otros que ralentizan su progreso. El pensamiento mecanicista del parto es inexacto, pero más allá de números y cifras, creo que el factor que determina la evolución es el sentimiento y pensamiento de la mujer que trascurre por ese proceso. La evolución del parto depende en mayor grado de cómo se siente la gestante, si se siente segura, preparada y/o acompañada, para que hormonalmente, fluya el proceso. Para que esto ocurra…mucho depende de nosotros.
Tenemos que dejar de pensar que el partograma es “Ley” y que debe ser aplicado a “todos los partos”.


