Retos de la obstetricia.

La cesárea es cada vez más frecuente. Cuando está justificada por motivos médicos es eficaz en disminuir las tasas de mortalidad y morbilidad materna y neonatal. La realidad actual es que no existe consenso sobre la tasa recomendada, aunque desde 1985, la OMS recomienda que esa tasa debe oscilar entre un 10 y 15 %. Es una cirugía asociada a riesgos a corto y/o a largo plazo.

Esta situación, en nuestra práctica clínica nos presenta un reto, cada vez más frecuente, en la que acuden a parir gestantes con cesáreas anteriores. Ante esta clínica, es importante tener en cuenta varios factores:

  • Las gestantes con una cesárea anterior (CA) presentan alteraciones musculoesqueléticas importantes. Presentan unos rectos abdominales más finos, asimetrías en los oblícuos internos, mayor distancia entre los rectos y además presentan una fascia abdominal endurecida (Chenglei F et al. 2020). 
  • Existe una relación estadísticamente significativa entre CA y la presencia de complicaciones como dolor en la cicatriz, dolor pélvico, abdominal y lumbar. Es interesante recordar que actualmente hay evidencia de que la fascia es un contínuo de tejido conectivo que recorre el cuerpo, conectando cada órgano y tejido. Cuando la dermis y la fascia es interrumpida por una cicatriz, la fascia se endurece y pierde hidratación, impidiendo que se deslice sobre las estructuras, dando lugar a una disfunción que puede manifestarse  por dolor en la zona de la cicatriz o a distancia de la misma. Este dolor puede ser temporal o crónico.
  • Y por último es importante recordar que tras una cesárea anterior, al interrumpir la continuidad de la fascia formando una cicatriz, puede dar lugar a retracciones de la fascia que son capaces de modificar la inclinación de la pelvis. En estos casos la pelvis tiende a presentarse en retroversión. Ello da lugar a dificultades en el descenso de la presentación, la cabeza se apoya sobre la sínfisis y dificulta su descenso. El eje fetal no puede posicionarse de manera perpendicular sobre el estrecho superior de la pelvis, por los que su encajamiento se dificulta.

Por todo ello es interesante realizar una buena historia clínica, investigar la razón por la que se realizó la cesárea, y si fue o no tras, un trabajo de parto. Se debe indagar y evaluar la presencia de complicaciones como dolor o molestias en la zona de la cicatriz o la presencia de dolor en otras zonas desde que se realizó la cesárea.

Para este tipo de casos, la postura más eficaz para la evolución del parto es la “posición de la Jinete” En esta posición se amplía el estrecho superior, facilita el descenso de la presentación al forzar la anteversión de la pelvis y alivia las molestias que produce la cabeza sobre la pelvis, al poder realizar una adecuada flexión de la cabeza fetal.

¿Lo habeís probado? ¿Os resulta eficaz?

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