A lo largo de los últimos años se ha hablado mucho sobre la presentación fetal óptima. Dedicamos mucho tiempo a analizar y a palpar la presentación fetal durante nuestro trabajo y gran parte de nuestros esfuerzos van encaminados a favorecer esta posición antes y/o durante el parto. Esta tendencia considera que la posición occípito anterior/dorso derecho es la más conveniente para el progreso del parto. Pero ¿porqué?…¿de dónde proviene esta creencia?
Hasta la hospitalización del parto, todas las posiciones fetales eran normales, sí… unas más frecuentes que otras, pero todas normales. Al trasladar el parto en casa, al hospital, se describió el parto como un proceso mecánico. Este “proceso de parto” fue elaborado para crear estándares y unificar criterios para poder valorar el transcurso del proceso y los medir los tiempos necesarios para cada una de las fases. Esta descripción se realizó para bebés en posición “exclusivamente” en occípito anterior, no para todo tipo de posiciones fetales…pero con el tiempo esos estándares se aplican de manera estandarizada y generalizada a todas las presentaciones fetales.
Así es cómo la posición occípito posterior, a día de hoy, se describe en los libros de texto como una malposición, una malpresentación o una malrotación. Los estándares con los que se mide el progreso del parto de una OA, se aplican a una presentación OP. Ello da lugar a una cascada de intervenciones en el que se medicaliza el parto para que el progreso del parto de una OP sea el de una OA. El fin de las intervenciones utilizadas, ya sean cambios posturales, amniotomía o infusión de oxitocina, es la rotación de la presentación. Tenemos tan integrado como profesionales que la OA es la correcta, que cuando escuchamos un relevo de una historia de parto en OP, es habitual escuchar algún suspiro u observar alguna caída de cabeza.
Nunca podremos saber si la posición es correcta o no, sino tenemos en cuenta otra variable tan importante como es la pelvis con todas sus características. Tuve la gran suerte de aprender a ver, observar, acompañar y respetar el proceso de parto fisiológico, desde una visión que integra todas las variables y no unificar el proceso en un solo acto mecánico. Solamente mediante la palpación ósea de la pelvis, podremos valorar si la presentación fetal es “correcta” o no para esa pelvis. Hay situaciónes en la que una presentación OP es la correcta porque esa pelvis en concreto no admite otro tipo de presentación fetal.
Las matronas tienen gran cantidad de herramientas facilitadores para el parto cuyo fin es el progreso del parto y no la rotación del bebé a una posición OA. Durante generaciones el progreso del parto se ha medido por una dilatación progresiva, sin tener en cuenta las características pélvicas. Cuando el parto no progresa, se le echa la culpa a la posición fetal y/o a una pelvis inadecuada, pelvis pequeña o estrecha, o a ambos a la vez (desproporción cefalopélvica).
Saber valorar durante el parto las características óseas que pueden facilitar o dificultar el progreso es un arte que requiere aprendizaje. No se trata de corregir posiciones fetales, se trata de valorar la posición fetal y determinar de qué manera podemos aplicar la biomecánica para facilitar el proceso.


